Existe una filosofía que nunca pretendió traer la felicidad. Prometía algo más modesto y sólido: aprender a distinguir lo que depende de nosotros de lo que no, e invertir nuestra energía solo en lo primero. Esta filosofía se llama estoicismo. Nació en Grecia a principios del siglo IV a. C., floreció en Roma y, desde entonces, nunca ha dejado de leerse.
Esta serie no pretende ofrecer una lección de filosofía. Busca narrar momentos —mañanas difíciles, decisiones imposibles, penas sin consuelo— en los que hombres y mujeres han puesto a prueba, a veces sin saberlo, las ideas formuladas por los estoicos.